martes, 21 de febrero de 2012

Desequilibrando a Darío Vilas


Me sumergí en Simetría como uno más de los parásitos que la habitan: ansiando morder sus entrañas y degustar el sabor del desequilibrio. Tras preguntar a varios yonkis de ojos en blanco, desestimar el favor de alguna fulana (y de más de un fulano) y preguntar en los garitos más pestilentes, logré dar con su creador Darío Vilas, escritor gallego, creador de H-Horror (ahora Cultura Hache) y autor de «Instinto de superviviente» (Dolmen editorial) y «Piezas desequilibradas» (23 escalones). Antología ésta, con la que Vilas nos vuelve a llevar a Simetría, ciudad que ya nos presentó en la compilación «Imperfecta Simetría» escrita a dúo junto con Rafa Rubio. Apenas terciado el saludo, comencé a preguntarle todas aquellas cosas que me habían asaltado mientras leía sus «Piezas desequilibradas». 

J.L: Ya desde el título y la portada de la antología se intuye algo tenebroso. Personalmente, tengo la sensación que tus relatos se gestan y alimentan de una oscuridad que reside en cualquier persona. Pareces moverte a gusto en esas temáticas, ¿qué te impulsa a escribir sobre esas oscuridades?

Darío Vilas: Supongo que es algo catártico, una manera de mantener a raya mis propios demonios. Todos tenemos una parte oscura, y a la hora de escribir me gusta explorarla. Es curioso, porque en mi día a día soy una persona feliz, estoy muy satisfecho con mi vida y no la cambiaría por nada. De ahí que el expulsar toda la mierda en los relatos sea casi una necesidad fisiológica. Para estar sano hay que defecar lo que sobra. Un recurso al que echo mano de manera recurrente mientras escribo es que, cuando un personaje se mete en una situación determinada de la que no sé cómo salir, y debe tomar una decisión, le obligo a hacer lo contrario de lo que yo haría, actuar al revés de lo que dicta el sentido común. Es muy divertido. 

J.L: Viendo tu obra desde fuera, me atrevería a decir que Simetría, ciudad de tu invención, es la capital de un microverso donde la violencia y la miseria son la bandera. Háblame de Simetría. Su nacimiento y su desarrollo. 

Darío Vilas: Para explicar el nacimiento de la isla Simetría me tengo que remontar al año 2007, cuando empezaba a publicar mis primeros escritos en la web tusrelatos.com, cantera de muchos autores que ahora hemos entrado en el mundo editorial. Por entonces, veía cómo autores con un gran talento se limitaban a colgar en la página relatos que merecían estar en alguna antología. Así que lancé un reto a través del foro, al que respondieron diez autores, a los que me uní en un proyecto que dio como fruto el libro «11». Después dediqué varios meses a presentarlo a todas las editoriales que encontré, hasta que me topé con El País Literario y sonó la flauta. Hicieron un informe de lectura muy favorable y aceptaron publicar aquella peculiar antología de autores noveles. Pero, para cuando el libro estaba a punto de ver la luz, la crisis les golpeó de lleno y tuvieron que cancelar su publicación con 100 ejemplares ya impresos. No puedo reprocharles nada, porque esos ejemplares nos los regalaron. Lejos de desanimarnos, volvimos a idear un nuevo proyecto, pero para hacerlo más homogéneo decidimos crear un entorno en el que todos debíamos ambientar los relatos, un lugar ficticio que nos permitiera dar rienda suelta a nuestra imaginación. Así nació Simetría, tras decenas de correos electrónicos intercambiados entre los once autores y tres más que se unieron a posteriori. El caso es que pasaba el tiempo y la cosa se había parado, cada uno nos dedicábamos a otros temas, pero Rafa Rubio y yo habíamos juntado ya un buen puñado de ideas para desarrollar en Simetría, así que contactamos de nuevo tras casi un año con el tema en punto muerto. Ninguno de los autores nos respondió, porque ya estaban con otras cosas en mente, así que decidimos lanzarnos por nuestra cuenta, y de esa colaboración nació el librito «Imperfecta Simetría» (Círculo Rojo 2009). Y desde entonces sigo pariendo historias ambientadas en esa isla ficticia, que Rafa y yo hicimos completamente nuestra, adaptándola a nuestros estilos y visiones. Ya recurrí a ella en mi primera antología en solitario, «Piezas desequilibradas», y es clave en la saga que inicio con «Instinto de superviviente». 

J.L: En la compilación también queda bastante patente lo importante que es para ti la música. Incluso uno de tus personajes es un trasunto de Mark Lanegan, cantante del que sé que eres seguidor. Dime la verdad, ¿alguna vez te has dejado llevar por una canción que te llega hondo, y al abrir los ojos te has encontrado con un relato escrito? 

Darío Vilas: Más de una vez. Ahora mismo me vienen a la mente, dentro de «Piezas desequilibradas», el relato «Yo (y el autobús número cuatro)», que lo escribí mientras escuchaba la canción de Janis Joplin «Me, and Bobby McGee». También «Voluntad bajo cero» fue un relato surgido de la música, concretamente de la banda sonora de «Los amantes del Círculo Polar» (compuesta por Alberto Iglesias), que me evocaba la gelidez necesaria para darle ambientación. La música es imprescindible en mi proceso de creación, creo que nunca he escrito en silencio. 

JL: Es curioso que nombres esos relatos pues son dos ejemplos en los que me he basado para elucubrar la siguiente teoría: destripando (lo justo) la antología en sí, me ha parecido discernir tres grupos de relatos. El primero sería el que da fondo al conjunto; y que podríamos llamarlos «Cuentos de Simetría». La nota común en estos es, aparte de las oscuridades que comentábamos antes, el aire de retrato social que despiden, como en «El diario de Silvia» o (uno de los relatos que más me ha gustado de toda la antología y que ya has nombrado) «Yo, (y el autobús número 4)». ¿Consideras la crítica a la sociedad un recurso fácil con el que enganchar al lector? 

Darío Vilas: Pues no, la verdad. Cuando me siento a escribir no pienso nunca en hacer crítica social, pero está claro que hay algunos temas que me tocan, o más bien que me joden, y acaban saliendo. Más que crítica social, en la mayoría acabo haciendo algo parecido a la justicia poética. Es bastante pueril, lo sé. 

J.L: Yo también soy de sentarme a escribir y ajustar cuentas, me parece una gran fuente de inspiración. En el segundo grupo, incluiría los relatos de corte más clásico entre los que destaco «La bruja lusa», me ha parecido muy curioso porque, a pesar de ser un relato formidable (con alguna que otra imagen que me ha puesto los pelos punta), he notado que es el más diferente de todos. Sin llegar a ser discordante, sí que parece separarse del resto. ¿Por qué decidiste incluirlo? 

Darío Vilas: Podría decir que lo incluí porque toca los mismos temas a los que siempre recurro, pero desde otra perspectiva, y no estaría mintiendo. Pero la verdad es que fue casi una concesión a los que me habían seguido hasta ese momento. Es un relato que me dio muchas alegrías (seleccionado Relato del Mes en Tusrelatos.com, una primera versión publicada en la revista Transparencias, y finalista del I Concurso de Relatos de Terror Círculo Rojo). Con esa trayectoria, me pareció que era imprescindible en mi primera compilación en solitario, así que lo revisé y amplié para la ocasión. 

J.L: El tercer y último grupo lo conforman dos relatos: «Voluntad bajo cero» y «Purpúrea cicatriz», los cuales se me han antojado los relatos más introspectivos de todos. Háblame de ambos. 

Darío Vilas: «Voluntad bajo cero» es uno de los relatos más redondos que he escrito hasta la fecha. Fue una de esas pocas veces que supe traducir lo que tenía en mente de manera fiel, y es una historia que a mí mismo me inquietó escribir. Me encanta, aunque esté feo que yo lo diga. «Purpúrea cicatriz» nació, como tantos otros, de una canción. Concretamente, «Monomanía», de Nacho Vegas. No está inspirado en la esencia de la canción, sino en una frase concreta: «Bien, todo sucedió según lo planeado, y ya luzco en mi antebrazo una purpúrea cicatriz». A partir de eso, tracé lo que considero que podría ser la caída, redención y renacer de todos los personajes que han desfilado por el libro. Un soplo de esperanza después de tanta miseria. Lo cual contrasta mucho con el discurso de Vegas. 

J.L: Por último me gustaría acribillarte con una batería de preguntas sobre Simetría y Piezas Desequilibradas. Respuestas cortas, por favor: ¿A qué huele Simetría

Darío Vilas: A orina y a rosa púrpura. Según el hocico. 

J.L: En una vista aérea o en una postal de Simetría veríamos… 

Darío Vilas: «Calles que se enredan en laberintos de degradación.» 

J.L: Tu rincón favorito (o más odiado) de la ciudad. 

Darío Vilas: El pub Suburbia. 

J. L: ¿Quién es, en realidad, Marcos Laguna

Darío Vilas: Marcos Laguna somos tú y yo. Pero también los demás. 

J.L: ¿Crees que Piezas Desequilibradas te define como autor? 

Darío Vilas: Creo que cada relato define el momento preciso que estaba viviendo. 

J.L: Define, con tus propias palabras de padre de la criatura, la obra. 

Darío Vilas: Es una colección de textos anárquica, desequilibrada, imperfecta. 

J.L: Ha sido todo un placer desequilibrarte, o por lo menos intentarlo. 

Gracias por tu tiempo, nos vemos en Simetría.

 Darío Vilas: El placer es mío. Para eso escribo.

A los que queráis acercaros a este gran autor, recordaros que mañana, jueves 7 de junio, en el salón de actos de la Casa del Libro de Vigo (C/Velázquez Moreno 27) a partir de las 19:30 horas, Darío Vilas estará celebrando el aniversario de «Piezas desequilibradas». Una gran oportunidad para conocer a fondo a la obra y al escritor que hay tras ella.