miércoles, 25 de abril de 2012

Calabazas en el trastero: catástrofes naturales




La tormenta parece remitir.
            Un silencio, un chasquido; la luz regresa.
            Apago de un soplido la vela; la columnilla de humo que emerge del extremo quemado se retuerce suspendida en el aire, como una serpiente etérea de dulce aroma.
            Añoro los tiempos en que me sentaba frente a la ventana de mi habitación a disfrutar del espectáculo de la lluvia. Podía pasarme horas viendo las gotas resbalando sobre el cristal, o respirando con fuerza ese olor a tierra húmeda.
            Buenos tiempos que ahora solo puedo rememorar repleto de incredulidad.
            Ya no miro al cielo de la misma forma. No puedo. Lo observo con recelo, con miedo.
Con pánico.
Incluso si, caminando por la calle, me percato de una nube que crece demasiado, o que se tiñe de violeta con demasiada velocidad, aprieto el paso hasta llegar a casa, cierro los pestillos y me hecho la manta sobre la cabeza.
El cielo ya no es lo que era… No desde que leí el último número de Calabazas en el trastero, dedicado a las catástrofes naturales…

Ediciones saco de huesos en colaboración con Nocte (asociación española de escritores de terror) vuelve a la carga con un nuevo número de la antología dedicada al género fosco y su particular forma de interpretar el terror y la fantasía. Todo un clásico moderno.
La edición es más que correcta, la portada, (que en lo particular, me encanta) sugerente, y el prólogo, a cargo de Miguel Aguerralde, consigue crear en el lector una inquietud que es el marco perfecto para adentrarse en los textos.
El último tuareg, de José María Pérez Hernández, nos presenta una estampa bella, surrealista y triste. Goza de un ritmo pausado que beneficia a la trama, pero quizás peque de un final algo plano.
In ánima vili, de Borja F. Caamaño, me ha sorprendido gratamente. Aquí la catástrofe natural ejerce de base sobre la que los acontecimientos van sucediendo. Puede que, analizada fríamente, la idea no resulte del todo novedosa, pero está muy bien tratada, Directa y concisamente, con un discurso casi coloquial que va ganando velocidad hasta desembocar en un buen final, quizá previsible, pero muy satisfactorio.
Chicxulub: la cola del diablo, por Ángeles Mora. Trama compuesta por dos hilos que van entrelazándose a los largo del texto. En general me ha costado conectar con este relato, aunque la idea y el desenlace que propone me parecen muy interesantes.
Niños de Mameyes, por Eugene. Curiosa historia, que en momentos me ha recordado a films como Mothman o Dead End. Aunque pueda resultar un poco confuso en algunos tramos debido al uso de localismos, es un relato con el que he disfrutado, sobre todo con su último tercio.
Naturaleza uno. Mi relato. Por supuesto que no voy a reseñarlo, pero sí quiero aprovechar para expresar la alegría que me supuso poder participar en esta publicación que llevaba siguiendo desde casi sus inicios.
Noche estrellada, de Pedro López Manzano. Debo admitir que, hasta bien adentrado en él, era un relato que me estaba dejando tibio. Correctísimo, pero sin despuntes. Pero me ganó con las imágenes que logra proyectar hacia el final; de las más hermosas y terribles de toda la antología.
Pangea sumergida, de Juan Ángel Laguna Edroso. Relato extraño, onírico, con mucho sabor a leyenda y moraleja final incluida. Escrito con una soltura envidiable, aunque deja la sensación de la falta de un final más redondo y contundente.
El último hombre sobre la Tierra, de Tomás Blanco Claraco. Curiosa catástrofe la que nos presenta aquí el autor, con el regustillo palpable (y siempre bienvenido) a cine de serie B, conjugando a la perfección el terror con algo de humor socarrón. Buen relato.
Fobia, de Óscar Muñoz Caneiro. Un relato muy trabajado en su estilo, lleno de figuras y recursos. De carácter introspectivo, diseccionando con agudeza una psique atormentada. Realismo bien ejecutado. Puede que de los mejores de la antología.
En la orilla, de Raelana Dsagan. La autora crea un contexto fantástico, una realidad alternativa, extraña y reminiscente a la par, que resulta irresistible. El gran acierto del relato es el conseguidísimo monólogo interior del personaje, así como la estructura del relato, gracias a la cual los detalles van desvelándose de manera pausada e intrigante. Quizá eché en falta un clímax final.
Toque de difuntos, de Santiago Sánchez Pérez, (Korvec). De mis favoritos, por la curiosa situación que presenta y sobre la que el autor aborda sin tabús para darle fuerza y garra. Un relato brutal, que se sirve del instinto como herramienta narrativa.
La cruz del hambre, de Pedro Moscatel. Otro de mis favoritos. Con un arranque demoledor y una imagen conocida y desconcertante, el autor juega con el tiempo para mostrarnos el cauce de los acontecimientos. Clímax lírico y terriblemente bello.
Noa reflejada, de Jorge Asteguieta Reguero. Puede que sea mi preferido. Porque en su aparente sencillez de eco repetido he creído intuir un mensaje muy profundo y desolador: las mil maneras que tenemos de caminar hacia un mismo final. El ciclo funciona, nunca aburre. Sorprende.

En conclusión, como en cualquier antología, las opiniones sobre cuáles son los mejores relatos serán de lo más dispares. Lo cual solo viene a corroborar que estamos, otra vez, ante una colección de relatos en la que la calidad media de los escritor es muy alta. Una entretenidísima lectura que he disfrutado tanto (puede que incluso un poco más) que los últimos Calabazas que cayeron en mis manos, Bosques y Peste. Ocasión de precio módico para echar un vistazo a la, muy saludable, cantera de autores y autores de la literatura de terror en español.

la tormenta arrecia de nuevo. El viento gime y azota como si quisiera arrancar los cristales y los tejados. Un relámpago estalla y recorre el lecho de nubes negras.
            Sofoco un grito cuando el apagón se cierne sobre mi calle y se extiende, devorando luces, hasta el horizonte; hacia la ciudad.
            Han pasado horas. Yo sigo escondido entre sábanas, rezando que vuelva la luz.  



4 comentarios:

  1. Muy buen post, José Luis. Aprovecho para darte la enhorabuena por tu participación y bueno... habrá que echarle un ojo a este "Calabazas". Un saludo.

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    1. Gracias, Víctor. Es un lujazo tenerte por aquí, siempre comentando. Gracias.

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  2. Me alegra que te gustara el final de mi "Noche estrellada", compatriota murciano.
    Tu "Naturaleza uno" es de mis favoritos de la antología.

    Un saludo, y nos vemos por las tascas (si no te quitas las gafas de sol).

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    1. Gracias, compadre. La imagen que deja tu relato es tan bella como aterradora. Enhorabuena.
      Y me alegra que te gustara mi relato.
      Un abrazo, ¡nos leemos!

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