viernes, 6 de julio de 2012

Próximas publicaciones

Llegamos al verano y puedo decir que, entre otras muchas noticias que agitan mi vida, en lo que respecta a la literatura, la cosa no pinta mal. Desde junio y durante los siguientes meses se han publicado y se publicarán diversas antologías en las que tengo el gustazo de participar. Tres en total, y me ilusionan todas a partes iguales.

La primera: «Legandarium», es una antología ideada por Gervasio López (Los Crimenes de Avignon) y compilada por Rubén Serrano (curtido escritor y coordinador de antologías como Antología Z 4: Zombimaquia o Las Crónicas de la Marca del Este, por nombrar algunas) y Javier Pellicer (El espíritu del lince) o lo que es lo mismo: tres grandes autores que aseguran la calidad de una colección de relatos en la que, además, participan escritores/as y muchos compañeros de Nocte (asociación española de escritores de terror) a la que pertenezco desde hace poco. Algunos de los autores son: Iván Mourín, Javier Cosnava, David Jasso, Juan Ángel Laguna Edroso, Raelana Dsagan, Elena Montagud, Víctor Morata, Luisa Fernández, Julián Sánches Caramazana, Tony Jiménez, Pedro Escudero y los propios ideadores de la antología entre otros.  Como indica su nombre, se trata de una colección de relatos basados en el leyendas tradicionales de toda la geografía española:  sacamantecas, fantasmas, hombres del saco, leyendas urbanas... La obra, editada por Nowtilus S.L abre un sello de la editorial, (tombooktu) aparecerá tanto en cuatro volúmenes separados, como en un único tomo.

El primer volumen de Legandarium puede conseguirse tanto en formato digital (http://www.amazon.es/Legendarium-fantasmas-sacamantecas-Tombooktu-ebook/dp/B0084Z2542) como en papel, para esto tendréis que encargarlo en las páginas de las principales tiendas como La Casa del libro.
Si queréis una pequeña muestra de lo que os aguarda en esta primera entrega, podéis comprobarlo pichando aquí.


Mi aportación a la antología aparecerá en el cuarto y último volumen, y lleva por nombre «El ataúd». Un relato libremente basado en una leyenda murciana que narra el peregrinaje de un féretro a través de media España.

La segunda publicación de la que quería hablaros es, ni más ni menos, que el sexto número de la Antología Z de la editorial Dolmen. Una publicación y una editorial que, con sus seis números, se han convertido en insignias del movimiento zombi español. En esta ocasión (ya tuve la oportunidad de aparecer en la Antología Z 4) la coordinación de la obra corre a cargo de Darío Vilas (Piezas desequilibradas, Instinto de superviviente) y la selección de relatos corresponde a la última edición del certamen de Todos los Santos, convocada por Cultura Hache más un buen puñado de escritores invitado, entre los que estoy yo.
Tras la portada del maestro Colucci se esconden los siguientes autores: Óscar Pérez Varela (ganador del certamen), Óscar Muñoz Caneiro, Ignacio Cid Hermoso, Iván Mourín, Andrés Abel...
El libro puede conseguirse en todas las grandes superficies (Fnac, La casa del libro...) y si no lo encontrarais siempre podéis encargarlo en el mismo establecimiento o pedirlo via internet en la página de la editorial (aquí).
Participo con «Cuerpo y alma», un relato corto, de cariz introspectivo que, espero, hará retorcerse a más de un@.

Y por último, aunque no menos importante, un lanzamiento anunciado hoy mismo: Edge Entertainment, una editorial española especializada en juegos de rol, cartas, miniaturas, etc., revisó hace un año, y con motivo de su 30 aniversario, el juego de rol «La llamada de Cthulhu». Esta nueva edición trajo consigo una antología, «Los nuevos mitos de Cthulhu».
Pues bien, para celebrar el lanzamiento la campaña de juego «Las mil caras de Nyarlathotep», Edge anuncia la publicación de otra antología, con el mismo nombre de la campaña y de nuevo en colaboración con Nocte.
 


En ella participo con el relato «La casa del sueño», una narración con la que he intentado hacerle un sentido homenaje a H.P Lovecraft. El padre del horror cósmico es uno de los máximos responsables de que yo me iniciara en el mundillo de la escritura, así que podéis haceros una idea de lo feliz que me hace tener la oportunidad de participar en una publicación de este tipo. Un lujo, un honor, un placer estar ahí en mi primera publicación como miembro de Nocte. Siendo, además, la primera ve< que puedo leer mi apellido en la portada de un libro. Detalle pequeño, que me hace sentir copado de ilusión.

Aquí podéis leer el anuncio en la web de la editorial. Conforme vayan surgiendo las fechas de lanzamiento, os iré informando.

Así pues, «El ataúd», «Cuerpo y alma» y «La casa del sueño» serán mis próximos monstruos en ver la luz. Quedan muchas cosas por venir, claro. Muchos proyectos ilusionantes, una ciudad llamada Simetría, nuevas antologías, nuevos retos y una novela que, aunque parezca eterna, está cada vez más cerca.

Pero eso lo guardo para futuros desmayos, hasta entonces, seguid soñando.


C. 

lunes, 18 de junio de 2012

El osito cochambre

«Observé al osito alejarse zigzagueando por el sendero, ladera abajo. Los bracitos de algodón y trapo le caían a los lados como un peso muerto, derrotados y sin alma. Arrastraba el bate tras de sí, dejando en la tierra un surco irregular de color rojo sangre...»


Extraído de «El osito cochambre y yo», por El Corintio



No recuerdo cuál fue el primer relato de Ignacio Cid Hermoso que cayó ante mis ojos. Puede que se tratara Bunkaru, en la antología V de Calabazas en el trastero (Ediciones saco de huesos), o Aokigahara, en el siguiente número de esa misma publicación. Sea el que fuere, grabó el nombre del autor a fuego en mi mente. Me acongojaba la idea de que alguien tan joven desplegara una prosa tan fresca, tan bella, con tanta personalidad.
Decidí estar más o menos atento a las siguientes publicaciones del autor, para comprobar si se trataba de una racha de suerte, o de verdadero talento. El tiempo confirmó lo segundo.
De modo que cuando supe que El osito cochambre, su primera novela, estaba a punto de ser publicada, no pude contener mis expectativas.
Es malo tener expectativas: suelen alterar irremediablemente la opinión personal sobre cualquier cosa. Pero yo tenía expectativas, y muchas…





El osito cochambre (editorial 23 escalones) no es una novela de terror. Ignacio Cid no es un escritor de terror. Sus derroteros son otros. Yo encasillo el libro en un género a caballo entre el suspense más clásico y el drama onírico. Onírico y, con todo, sin dejar de ser una historia de vida, real. No hace falta ningún ejercicio desbordante de imaginación para entender qué nos quiere contar Cid Hermoso. Sus personajes están ahí, en la calle: son desconocidos, son nuestros vecinos, nuestros familiares. Retratados con tanta veracidad, con tanta alma, que no hace falta ni siquiera un párrafo de meticulosa descripción física. No lo busquéis. No lo hay. Y sin embargo uno ve a la perfección a Mauro, y comprende lo que le pesa la existencia. Ve a Elisa, la niña que quiere (o debe) ser mujer. Ve a Víctor, y su larga sombra que abarca desde el pasado hasta el presente. Personajes que se adjetivan ellos mismos, por sus actos, como nos ocurre a todos.
Los adjetivos se los guarda el autor para hablar de los sentimientos, de los desgarros y de las catarsis, de los reencuentros y las despedidas. Las figuras son tan precisas, las metáforas, aun poéticas, tan nítidas, que uno casi cree estar oyendo al libro hablar.

Dejando a un lado el estilo, la obra nos platea una historia sencilla, como he dicho, podría tratarse de la historia de cualquiera, una historia real. Mauro es un escritor frustrado, reconvertido en profesor de literatura, que durante años se ha ido dejando llevar por el cauce de su vida desastrada. En cierto momento, esta da un vuelco y va colocando todo tipo de personajes y encuentros en su camino. Pasado que vuelve, presente incierto. Mauro debe reaccionar… He dicho que puede ser la historia de cualquiera, y he mentido en parte, pues también es una historia íntima. La primera novela de Cid Hermoso destila melancolía: Mauro se solaza en los recuerdos de infancia, se cimienta sobre ellos para dar sentido al presente. Así, entre los pasajes que narran los hechos que colapsan su vida, se intercalan otros, de corte más etéreo, protagonizados por el osito cochambre.
¿Pero quién es el osito?
En su niñez, Mauro, como cualquier niño enamoradizo, se refugiaba en un país de maravillas, en una cueva en la que lamerse las heridas. Allí, él se convertía en el osito cochambre, y daba forma a su vida a través de ese caleidoscopio de fantasía.
En el libro, los fragmentos del osito tienen un doble cometido: a veces con cuerpo de acertijo o de sueño velado, dejan trazas sobre el pasado del protagonista, pero también sirven de hilo conductor para la historia que Mauro y los demás personajes viven en el presente.
Son una auténtica delicia los pasajes del osito. En ellos podemos disfrutar de un Ignacio Cid en su salsa, completamente desatado… Uno solo de estos fragmentos ya merece la compra del libro.
Para más inri, la trama, llena de suspense, giros y guantazos del sincrodestino, se disfruta y devora con el placer con que se visiona un film de Hitchcock y la perplejidad que provoca el mejor Julio Medem.

Comentaba al principio que tenía expectativas respecto al libro… No se cumplieron, menos mal. Pues de haber sido así no habría descubierto otra faceta más de este autor; una más íntima y sobrecogedora que a las que me tenía acostumbrado.
En pocas palabras: el Osito muerde, y deja marca.



Hasta el próximo desmayo, seguid soñando.

C.

lunes, 11 de junio de 2012

Austin TV: lo que las palabras no pueden expresar



Poca fe tenía yo en aquella banda desconocida. Yo quería ver a Standstill, (grupo del que nunca se habla demasiado, cuando no se debería dejar de hablar de él); los teloneros, esa extraña formación mejicana que, por lo poco que pude informarme en la red, aseguraban tocar art rock instrumental, no suponían ningún aliciente más que el de preparar el escenario para el grupo que realmente ansiábamos escuchar. Así que, mi chica y yo, nos plantamos en la sala de conciertos con el ánimo de que los teloneros no fueran demasiado tediosos, que no se extendiesen demasiado y que dieran cuanto antes paso a Standstill. «Llevan máscaras; tiene que ser más raros…» me había dicho ella. Que aquella banda que nunca había oído nombrar ocultase sus rostros me sonaba a estrategia comercial con la que disfrazar una propuesta musical manida. Por eso, cuando las luces se apagaron y, uno a uno, los componentes de Austin TV salieron al escenario de esta guisa…



 …Debo reconocer que me temí lo peor. En realidad el uniforme que vestían no era exactamente así, sino de color verde, y en la cabeza llevaban algo parecido a un pasamontañas de goma espuma, con pequeñas aletas a los lados, y botones redondos por la zona que rodeaba los ojos y la frente. Se presentaron y, sin más, se pusieron a tocar. … ¡Y qué espectáculo! Tras una intro pausada, y un par de temas de adaptación, desplegaron sobre la tarima todo su potencial. Sin voces, sin letras pues, según ellos mismos declaraban entre tema y tema, su intención era crear atmósferas musicales, cuadros sobre los cuales cada persona pudiera pintar lo que quisiera; fondos sentimentales sobre los que cada cual pudiera volcar sentimientos a su antojo. Una batería, dos guitarras, un bajo y un teclado conectado a un portátil nos transportaron a esos paisajes en los que solo estábamos nosotros y la música precisa, hermosa, de Austin TV. En ocasiones, desgarradores y eclécticos, guitarrazos dementes, ritmos trepidantes y efectos de sonido estridentes se unían para darnos un vuelco y encendernos, puñetazos musicales que hacían brincar y saltar. Luego, todo se amansaba, y uno descubría que aquellos músicos no solo sabían repartir mandobles de brutalidad, sino que, además, los combinaban magistralmente con pasajes más calmados y melódicos. Serenatas oníricas y mansas, en los que, de vez en cuando, sonaba un diálogo extraído de cualquier film, nada reconocible, un simple «te quiero» o un «adiós» que nos servía de marco para crear esas historias que Austin TV tanto se empeñaba en que imagináramos. Tenían razón; aquello era art rock. Progresivo, duro, melodioso, calmo… pero arte por encima de todo, porque consiguieron solo con sus notas transmitir lo que, en ocasiones, las palabras no pueden expresar. Los ojos casi se me caen de las órbitas cuando, en el clímax del concierto, la sala quedó a oscuras y en las máscaras de los músicos, aquella especia de botones, se iluminaron. No eran botones, sino pequeñas linternas que despedían alfileres de luz blanca en todas direcciones; y así siguieron tocando, sumergidos los presentes en un efecto maravilloso y onírico: la sala a oscuras, y esos haces de luz bailando al ritmo de la música. En ese momento fui consciente de la suerte que había tenido por, de puro rebote, ser espectador del primer concierto de Austin TV en España. 

Esta banda, que acaba de celebrar su décimo aniversario, cuenta en su discografía con un EP, tres LP’s y un disco de rarezas y directos. Partiendo de que todos sus trabajos me parecen muy recomendables, quiero subrayar dos de sus discos de estudio, que me parecen auténticas joyas. El primero Fontana Bella (2007), álbum conceptual que, a modo de diario y acompañado por un libreto de más de 60 páginas, narra la historia del personaje ficticio Mario Lupo González Fábila. En el disco se narra parte de la vida de Mario Lupo, un hombre mayor que vive en el bosque Fontana Bella. Durante cinco meses, Mario sufre toda clase de sucesos inquietantes: encuentros con fantasmas, alucinaciones, accesos de paranoia persecutoria… Un disco que sirve a la perfección como primer acercamiento al grupo gracias a temas como Ana No te fallé, Marduk, Shiva, El secreto de las luciérnagas o Flores sobre piedras




Videoclip del tema Marduk, del disco Fontana Bella  



Videoclip animado de Shiva, el cual ilustra la historia narrada en el disco Fontana Bella


En 2011 presentaron el que es, hasta la fecha, su último trabajo y el que están llevando de gira por todo el mundo: Caballeros del albedrío. Un trabajo ambicioso en el que el grupo redobla esfuerzo, y es que Caballeros del albedrío no es un disco, sino dos. Dos mitades completamente diferenciadas entre sí y en las cuales los mejicanos vuelven a sorprender por la riqueza de matices que despliegan. La primera parte, llamada Hán, es reflexivo, calmado e introspectivo; para dejarse llevar con la tristura que destilan Despierta Wendy, Llena de mañanas tristes o This is maya, por nombrar algunas. La segunda mitad, Seéb, discurre como un relámpago de 25 minutos: azota las neuronas, agita el corazón, desata la adrenalina con auténticas piezas maestras como El hombre pánico o Quedarse es morir. Una auténtica delicia. 



Videoclip de El hombre pánico

Como curiosidad añadida, las estructuras de las canciones de Caballeros del albedrío, los laberintos rítmicos y la intricada red de tempos los obtuvieron los componentes del grupo al trascribir los títulos de las canciones en el teclado de un teléfono. Lo cual, además de todo lo contado, nos puede dar una idea de la sana inquietud y las buenas maneras que esgrimen estos cinco chicos mejicanos capaces de aportar algo nuevo al mercado musical.


 

Vídeo de un directo en acústico, la banda interpreta Despierta Wendy

martes, 22 de mayo de 2012

Instinto de superviviente

Instinto 

1. Conjunto de pautas de conducta que se transmiten genéticamente, y que contribuyen a la conservación de la vida del individuo y de la especie. 

2. Impulso indeliberado que mueve la voluntad de una persona. 

3. Facultad innata para captar ciertas impresiones o para desenvolverse en ámbitos determinados. 


No hubo señales, no existían previsiones. El mundo no estaba preparado para hacer frente a una catástrofe como aquella. El caos se desató, arrasando con una civilización ignorante de lo que se avecinaba. Andrés lo vio venir, y por eso fue la única persona que pudo mantener con vida al pequeño Damián. Juntos tratarán de escapar de una ciudad tomada por legiones de muertos vivientes, en busca de otros superviviente. Sin embargo, hay una amenaza más aterradora que las hordas de zombis; un enemigo imbatible: el instinto humano. 


Esa es la sinopsis de Instinto de superviviente (editorial Dolmen), la primera novela de Darío Vilas Couselo (Imperfecta Simetría, Piezas desequilibradas), creador de la denominación Horror Hispano, taxidermista de psiques atrofiadas, escritor libérrimo. Un aviso a navegantes: Instinto de superviviente es una novela de zombis donde los revividos pasan a un segundo plano, conforman el escenario por el que los auténticos protagonistas arrastran sus vidas en pos de la salvación, y esa fórmula, en (benditos) días de expansión de la literatura revivida, aporta una cierta frescura que se agradece. De hecho, conociendo al autor, otra cosa me habría decepcionado. Pero profundicemos un poco más… 

La novela se sostiene sobre tres pilares: Andrés, Damián y Marga. Tres personajes, cuidadosamente construidos, a los que el Apocalipsis coge en plena ebullición existencial. Acuciado cada uno por sus propios fantasmas, recorren las páginas del libro desparramando sus miedos y oscuridades a lo largo de las páginas. Me voy a tomar la libertad de solo nombrar de manera casi tangencial a Andrés y Damián, quiero centrar mi comentario sobre los personajes en Marga. Y es que los dos primeros soportan la mayor parte de la trama, pero, en mi opinión, es en la subtrama de Marga donde más despunta la novela; donde de verdad he discernido a Vilas. Porque Marga engancha; un alma luchadora encerrada en una carcasa exhausta, que parece deambular a lo largo de la historia, vapuleada por los hechos y la tristura que la consume. Se nota el cariño que el autor ha depositado en ella, gracias al cual el lector conecta a la primera con Marga. 

También de mi agrado fue la acertada estructura de la novela, la organización, casi cinematográfica de los capítulos que, apoyada en una prosa cuidada y certera, convierten la lectura en una carrera semejante a la que padecen los propios supervivientes por salvar su pellejo. Asimismo, aquí y allá uno encuentra detalles que terminan de poner la guinda a una trama que da la sensación de estar tomando aire para explotar en futuras secuelas… ¿Qué son los faros? ¿Qué sucedió en Lantana? 

Mi conclusión es que Darío Vilas ha sabido mezclar en la coctelera los clichés del género zombi con lo que es su punto fuerte: la disección de ese universo de claroscuros que cada persona lleva en su interior.

El resultado es una lectura entretenidísima, con buenos giros argumentales, pasajes de suspense bien hilvanados e imágenes brutales marca de la casa. 

Un viaje a lo profundo de la fuerza que todo lo mueve: el instinto. Un viaje que, por suerte, no ha hecho más que empezar.

miércoles, 25 de abril de 2012

Calabazas en el trastero: catástrofes naturales




La tormenta parece remitir.
            Un silencio, un chasquido; la luz regresa.
            Apago de un soplido la vela; la columnilla de humo que emerge del extremo quemado se retuerce suspendida en el aire, como una serpiente etérea de dulce aroma.
            Añoro los tiempos en que me sentaba frente a la ventana de mi habitación a disfrutar del espectáculo de la lluvia. Podía pasarme horas viendo las gotas resbalando sobre el cristal, o respirando con fuerza ese olor a tierra húmeda.
            Buenos tiempos que ahora solo puedo rememorar repleto de incredulidad.
            Ya no miro al cielo de la misma forma. No puedo. Lo observo con recelo, con miedo.
Con pánico.
Incluso si, caminando por la calle, me percato de una nube que crece demasiado, o que se tiñe de violeta con demasiada velocidad, aprieto el paso hasta llegar a casa, cierro los pestillos y me hecho la manta sobre la cabeza.
El cielo ya no es lo que era… No desde que leí el último número de Calabazas en el trastero, dedicado a las catástrofes naturales…

Ediciones saco de huesos en colaboración con Nocte (asociación española de escritores de terror) vuelve a la carga con un nuevo número de la antología dedicada al género fosco y su particular forma de interpretar el terror y la fantasía. Todo un clásico moderno.
La edición es más que correcta, la portada, (que en lo particular, me encanta) sugerente, y el prólogo, a cargo de Miguel Aguerralde, consigue crear en el lector una inquietud que es el marco perfecto para adentrarse en los textos.
El último tuareg, de José María Pérez Hernández, nos presenta una estampa bella, surrealista y triste. Goza de un ritmo pausado que beneficia a la trama, pero quizás peque de un final algo plano.
In ánima vili, de Borja F. Caamaño, me ha sorprendido gratamente. Aquí la catástrofe natural ejerce de base sobre la que los acontecimientos van sucediendo. Puede que, analizada fríamente, la idea no resulte del todo novedosa, pero está muy bien tratada, Directa y concisamente, con un discurso casi coloquial que va ganando velocidad hasta desembocar en un buen final, quizá previsible, pero muy satisfactorio.
Chicxulub: la cola del diablo, por Ángeles Mora. Trama compuesta por dos hilos que van entrelazándose a los largo del texto. En general me ha costado conectar con este relato, aunque la idea y el desenlace que propone me parecen muy interesantes.
Niños de Mameyes, por Eugene. Curiosa historia, que en momentos me ha recordado a films como Mothman o Dead End. Aunque pueda resultar un poco confuso en algunos tramos debido al uso de localismos, es un relato con el que he disfrutado, sobre todo con su último tercio.
Naturaleza uno. Mi relato. Por supuesto que no voy a reseñarlo, pero sí quiero aprovechar para expresar la alegría que me supuso poder participar en esta publicación que llevaba siguiendo desde casi sus inicios.
Noche estrellada, de Pedro López Manzano. Debo admitir que, hasta bien adentrado en él, era un relato que me estaba dejando tibio. Correctísimo, pero sin despuntes. Pero me ganó con las imágenes que logra proyectar hacia el final; de las más hermosas y terribles de toda la antología.
Pangea sumergida, de Juan Ángel Laguna Edroso. Relato extraño, onírico, con mucho sabor a leyenda y moraleja final incluida. Escrito con una soltura envidiable, aunque deja la sensación de la falta de un final más redondo y contundente.
El último hombre sobre la Tierra, de Tomás Blanco Claraco. Curiosa catástrofe la que nos presenta aquí el autor, con el regustillo palpable (y siempre bienvenido) a cine de serie B, conjugando a la perfección el terror con algo de humor socarrón. Buen relato.
Fobia, de Óscar Muñoz Caneiro. Un relato muy trabajado en su estilo, lleno de figuras y recursos. De carácter introspectivo, diseccionando con agudeza una psique atormentada. Realismo bien ejecutado. Puede que de los mejores de la antología.
En la orilla, de Raelana Dsagan. La autora crea un contexto fantástico, una realidad alternativa, extraña y reminiscente a la par, que resulta irresistible. El gran acierto del relato es el conseguidísimo monólogo interior del personaje, así como la estructura del relato, gracias a la cual los detalles van desvelándose de manera pausada e intrigante. Quizá eché en falta un clímax final.
Toque de difuntos, de Santiago Sánchez Pérez, (Korvec). De mis favoritos, por la curiosa situación que presenta y sobre la que el autor aborda sin tabús para darle fuerza y garra. Un relato brutal, que se sirve del instinto como herramienta narrativa.
La cruz del hambre, de Pedro Moscatel. Otro de mis favoritos. Con un arranque demoledor y una imagen conocida y desconcertante, el autor juega con el tiempo para mostrarnos el cauce de los acontecimientos. Clímax lírico y terriblemente bello.
Noa reflejada, de Jorge Asteguieta Reguero. Puede que sea mi preferido. Porque en su aparente sencillez de eco repetido he creído intuir un mensaje muy profundo y desolador: las mil maneras que tenemos de caminar hacia un mismo final. El ciclo funciona, nunca aburre. Sorprende.

En conclusión, como en cualquier antología, las opiniones sobre cuáles son los mejores relatos serán de lo más dispares. Lo cual solo viene a corroborar que estamos, otra vez, ante una colección de relatos en la que la calidad media de los escritor es muy alta. Una entretenidísima lectura que he disfrutado tanto (puede que incluso un poco más) que los últimos Calabazas que cayeron en mis manos, Bosques y Peste. Ocasión de precio módico para echar un vistazo a la, muy saludable, cantera de autores y autores de la literatura de terror en español.

la tormenta arrecia de nuevo. El viento gime y azota como si quisiera arrancar los cristales y los tejados. Un relámpago estalla y recorre el lecho de nubes negras.
            Sofoco un grito cuando el apagón se cierne sobre mi calle y se extiende, devorando luces, hasta el horizonte; hacia la ciudad.
            Han pasado horas. Yo sigo escondido entre sábanas, rezando que vuelva la luz.  



domingo, 18 de marzo de 2012

Lo que esconde una canción I

  
Me gustan las canciones que esconden una historia detrás, que no se limitan a unir estribillos pegadizos a ritmos marchosos, sino que reflejan la propia realidad de sus autores. Si además la canción invita a la reflexión, mucho mejor.
Hoy voy a hablaros de una canción que me marca profundamente; que me enganchó por su fachada y que ahora, después de conocer su intrahistoria, se ha convertido en una especie de himno (otro más) en mi universo sonoro.
Hablo de «Judith» del grupo americano de rock A perfect circle. Formación compuesta por músicos provenientes de otros grupos, entre ellos Maynard James Keenan, cantante de Tool, otro grupazo al que ya dedicaré otra entrada.
Keenan (letrista tanto de Tool como del grupo que nos ocupa) llena sus composiciones de un lirismo entre lo sucio y lo espiritual que me fascina. Por lo que no es raro toparse con canciones que traten de temas místicos, teológicos y espirituales, otros mucho más terrenales y humanos, y una tercera categoría que estaría entra las dos anteriores. En esta última podríamos encajar el tema que hoy nos ocupa.
Pero antes de nada, escuchémoslo.



Temazo.

Aparte de una muestra de cómo se puede hacer un videoclip atractivo sin dejarse una millonada, la canción es toda una carta de presentación del grupo y de su cantante, Keenan, con ese estilo tan suyo, alargando tanto las frases hasta hacer que sean casi imposible cantarlas sin quedarse sin aire, y esas subidas y bajadas renqueantes en el tono... En fin, una gozada, pero vayamos al meollo, que es de lo que va esta entrada: ¿De qué habla la canción?
De primeras, creí que giraba en torno a algún personaje bíblico (Judith) martirizado por Dios. Luego me dio por indagar un poco y descubrí (gracias a la wikipedia, cómo no, y a http://cancioneshistoria.blogspot.com.es/) que Keenan dedicó la canción a su madre, Judith Marie Keenan, fallecida poco antes de la publicación de "Mer de noms" (Mar de nombres, disco donde fue publicado el tema y llamado así porque casi todas las canciones van tituladas por un nombre propio).
Al descubrir la demoledora historia tras la canción, ésta cobró una fuerza, un significado y una dureza que me hicieron estremecer.
Por lo que pude descubrir Judith Marie Keenan sufrió un derrame cerebral que la ancló a una silla de ruedas. Al parecer Judith Keenan tenían una fe muy profunda, la cual le llevó a negarse en rotundo a probar ninigún tipo de tratamiento o paliativo; estaba completamente dispuesta a aceptar aquel destino que Dios había elegido para ella. Cualquier otra cosa, hubiera supuesto atentar contra los designios de Dios y, en consecuenca, contra su propia fe. De ahí que su hijo, le dedicara esta letra que, cínica y desgarradora, brutal y deseperada, refleja la impotencia de quien ve sufrir a su madre a causa una fe ciega.

You're such an inspiration
For the ways that I will
Never, ever choose to be
Oh so many ways for me to show you
How your savior has abandoned you

Fuck your God, your Lord, your Christ
He did this, took all you had and
Left you this way, still you pray, never stray, never
Taste of the fruit, never thought to question "Why?"

It's not like you killed someone
It's not like you drove a hateful spear into his side
Praise the one who left you broken down and paralyzed

He did it all for you...
He did it all for you...

Oh so many ways for me to show you
How your dogma has abandoned you

Pray to your Christ, to your God
Never taste of the fruit, never stray, never break, never
Choke on a lie even though he's the one who
Did this to you, you never thought to question "Why?"

It's not like you killed someone
It's not like you drove a spiteful spear into his side
Talk to Jesus Christ as if he knows the reasons why

He did it all for you...
He did it all for you...
He did it all for you...



Cuya traducción sería...

Eres una gran inspiración de como ser
que yo nunca jamás elegiré.
oh, tengo tantas maneras de enseñarte
cómo tu salvador te abandonó.

Que le jodan a tu Dios.
tu Señor, tu Cristo
Él hizo esto,
te quitó todo lo que tenias
y te dejó de esta manera.
sin embargo sigues orando, nunca te desvías,
nunca saboreas la fruta prohibida,
nunca pensaste: "¿por qué?".

No es como si mataras a alguien,
no es como si clavases la odiosa lanza en Su costado.
alaba al que te dejó
rota y paralizada.
lo hizo todo, por ti.
lo hizo todo, por ti.

Hay tantas maneras de que te enseñe
cómo tu dogma te abandonó.
reza a tu Cristo, a tu Dios.
nunca saboreas la fruta prohibida,
nunca te desvías, nunca te desmoronas,
nunca te atragantaste con su mentira,
a pesar de que Él te hizo esto,
Nunca pensaste: "¿por qué?"

No es como si mataras a alguien,
no es como si clavases la odiosa lanza en Su costado,
habla con Jesucristo como si Él supiera el porqué
Él hizo todo, por ti.
lo hizo todo, por ti.
lo hizo todo, por ti.
Me parece absolutamente desgarrador. Por no hablar del fuerte dilema moral que puede conlleva.

Como último apunte señalar que el grupo afírmó en una entrevista que la canción surgió prácticamente sola, en una sola toma (puede que ello sea lo que el videoclip trata de representar).

Poco más que añadir, ahora si me permitís, voy a darle de nuevo al play y dejarme llevar por esas frases que, no sé por qué, me llegan tan adentro.

Hasta el próximo desmayo, seguid soñando.


C.

martes, 21 de febrero de 2012

Desequilibrando a Darío Vilas


Me sumergí en Simetría como uno más de los parásitos que la habitan: ansiando morder sus entrañas y degustar el sabor del desequilibrio. Tras preguntar a varios yonkis de ojos en blanco, desestimar el favor de alguna fulana (y de más de un fulano) y preguntar en los garitos más pestilentes, logré dar con su creador Darío Vilas, escritor gallego, creador de H-Horror (ahora Cultura Hache) y autor de «Instinto de superviviente» (Dolmen editorial) y «Piezas desequilibradas» (23 escalones). Antología ésta, con la que Vilas nos vuelve a llevar a Simetría, ciudad que ya nos presentó en la compilación «Imperfecta Simetría» escrita a dúo junto con Rafa Rubio. Apenas terciado el saludo, comencé a preguntarle todas aquellas cosas que me habían asaltado mientras leía sus «Piezas desequilibradas». 

J.L: Ya desde el título y la portada de la antología se intuye algo tenebroso. Personalmente, tengo la sensación que tus relatos se gestan y alimentan de una oscuridad que reside en cualquier persona. Pareces moverte a gusto en esas temáticas, ¿qué te impulsa a escribir sobre esas oscuridades?

Darío Vilas: Supongo que es algo catártico, una manera de mantener a raya mis propios demonios. Todos tenemos una parte oscura, y a la hora de escribir me gusta explorarla. Es curioso, porque en mi día a día soy una persona feliz, estoy muy satisfecho con mi vida y no la cambiaría por nada. De ahí que el expulsar toda la mierda en los relatos sea casi una necesidad fisiológica. Para estar sano hay que defecar lo que sobra. Un recurso al que echo mano de manera recurrente mientras escribo es que, cuando un personaje se mete en una situación determinada de la que no sé cómo salir, y debe tomar una decisión, le obligo a hacer lo contrario de lo que yo haría, actuar al revés de lo que dicta el sentido común. Es muy divertido. 

J.L: Viendo tu obra desde fuera, me atrevería a decir que Simetría, ciudad de tu invención, es la capital de un microverso donde la violencia y la miseria son la bandera. Háblame de Simetría. Su nacimiento y su desarrollo. 

Darío Vilas: Para explicar el nacimiento de la isla Simetría me tengo que remontar al año 2007, cuando empezaba a publicar mis primeros escritos en la web tusrelatos.com, cantera de muchos autores que ahora hemos entrado en el mundo editorial. Por entonces, veía cómo autores con un gran talento se limitaban a colgar en la página relatos que merecían estar en alguna antología. Así que lancé un reto a través del foro, al que respondieron diez autores, a los que me uní en un proyecto que dio como fruto el libro «11». Después dediqué varios meses a presentarlo a todas las editoriales que encontré, hasta que me topé con El País Literario y sonó la flauta. Hicieron un informe de lectura muy favorable y aceptaron publicar aquella peculiar antología de autores noveles. Pero, para cuando el libro estaba a punto de ver la luz, la crisis les golpeó de lleno y tuvieron que cancelar su publicación con 100 ejemplares ya impresos. No puedo reprocharles nada, porque esos ejemplares nos los regalaron. Lejos de desanimarnos, volvimos a idear un nuevo proyecto, pero para hacerlo más homogéneo decidimos crear un entorno en el que todos debíamos ambientar los relatos, un lugar ficticio que nos permitiera dar rienda suelta a nuestra imaginación. Así nació Simetría, tras decenas de correos electrónicos intercambiados entre los once autores y tres más que se unieron a posteriori. El caso es que pasaba el tiempo y la cosa se había parado, cada uno nos dedicábamos a otros temas, pero Rafa Rubio y yo habíamos juntado ya un buen puñado de ideas para desarrollar en Simetría, así que contactamos de nuevo tras casi un año con el tema en punto muerto. Ninguno de los autores nos respondió, porque ya estaban con otras cosas en mente, así que decidimos lanzarnos por nuestra cuenta, y de esa colaboración nació el librito «Imperfecta Simetría» (Círculo Rojo 2009). Y desde entonces sigo pariendo historias ambientadas en esa isla ficticia, que Rafa y yo hicimos completamente nuestra, adaptándola a nuestros estilos y visiones. Ya recurrí a ella en mi primera antología en solitario, «Piezas desequilibradas», y es clave en la saga que inicio con «Instinto de superviviente». 

J.L: En la compilación también queda bastante patente lo importante que es para ti la música. Incluso uno de tus personajes es un trasunto de Mark Lanegan, cantante del que sé que eres seguidor. Dime la verdad, ¿alguna vez te has dejado llevar por una canción que te llega hondo, y al abrir los ojos te has encontrado con un relato escrito? 

Darío Vilas: Más de una vez. Ahora mismo me vienen a la mente, dentro de «Piezas desequilibradas», el relato «Yo (y el autobús número cuatro)», que lo escribí mientras escuchaba la canción de Janis Joplin «Me, and Bobby McGee». También «Voluntad bajo cero» fue un relato surgido de la música, concretamente de la banda sonora de «Los amantes del Círculo Polar» (compuesta por Alberto Iglesias), que me evocaba la gelidez necesaria para darle ambientación. La música es imprescindible en mi proceso de creación, creo que nunca he escrito en silencio. 

JL: Es curioso que nombres esos relatos pues son dos ejemplos en los que me he basado para elucubrar la siguiente teoría: destripando (lo justo) la antología en sí, me ha parecido discernir tres grupos de relatos. El primero sería el que da fondo al conjunto; y que podríamos llamarlos «Cuentos de Simetría». La nota común en estos es, aparte de las oscuridades que comentábamos antes, el aire de retrato social que despiden, como en «El diario de Silvia» o (uno de los relatos que más me ha gustado de toda la antología y que ya has nombrado) «Yo, (y el autobús número 4)». ¿Consideras la crítica a la sociedad un recurso fácil con el que enganchar al lector? 

Darío Vilas: Pues no, la verdad. Cuando me siento a escribir no pienso nunca en hacer crítica social, pero está claro que hay algunos temas que me tocan, o más bien que me joden, y acaban saliendo. Más que crítica social, en la mayoría acabo haciendo algo parecido a la justicia poética. Es bastante pueril, lo sé. 

J.L: Yo también soy de sentarme a escribir y ajustar cuentas, me parece una gran fuente de inspiración. En el segundo grupo, incluiría los relatos de corte más clásico entre los que destaco «La bruja lusa», me ha parecido muy curioso porque, a pesar de ser un relato formidable (con alguna que otra imagen que me ha puesto los pelos punta), he notado que es el más diferente de todos. Sin llegar a ser discordante, sí que parece separarse del resto. ¿Por qué decidiste incluirlo? 

Darío Vilas: Podría decir que lo incluí porque toca los mismos temas a los que siempre recurro, pero desde otra perspectiva, y no estaría mintiendo. Pero la verdad es que fue casi una concesión a los que me habían seguido hasta ese momento. Es un relato que me dio muchas alegrías (seleccionado Relato del Mes en Tusrelatos.com, una primera versión publicada en la revista Transparencias, y finalista del I Concurso de Relatos de Terror Círculo Rojo). Con esa trayectoria, me pareció que era imprescindible en mi primera compilación en solitario, así que lo revisé y amplié para la ocasión. 

J.L: El tercer y último grupo lo conforman dos relatos: «Voluntad bajo cero» y «Purpúrea cicatriz», los cuales se me han antojado los relatos más introspectivos de todos. Háblame de ambos. 

Darío Vilas: «Voluntad bajo cero» es uno de los relatos más redondos que he escrito hasta la fecha. Fue una de esas pocas veces que supe traducir lo que tenía en mente de manera fiel, y es una historia que a mí mismo me inquietó escribir. Me encanta, aunque esté feo que yo lo diga. «Purpúrea cicatriz» nació, como tantos otros, de una canción. Concretamente, «Monomanía», de Nacho Vegas. No está inspirado en la esencia de la canción, sino en una frase concreta: «Bien, todo sucedió según lo planeado, y ya luzco en mi antebrazo una purpúrea cicatriz». A partir de eso, tracé lo que considero que podría ser la caída, redención y renacer de todos los personajes que han desfilado por el libro. Un soplo de esperanza después de tanta miseria. Lo cual contrasta mucho con el discurso de Vegas. 

J.L: Por último me gustaría acribillarte con una batería de preguntas sobre Simetría y Piezas Desequilibradas. Respuestas cortas, por favor: ¿A qué huele Simetría

Darío Vilas: A orina y a rosa púrpura. Según el hocico. 

J.L: En una vista aérea o en una postal de Simetría veríamos… 

Darío Vilas: «Calles que se enredan en laberintos de degradación.» 

J.L: Tu rincón favorito (o más odiado) de la ciudad. 

Darío Vilas: El pub Suburbia. 

J. L: ¿Quién es, en realidad, Marcos Laguna

Darío Vilas: Marcos Laguna somos tú y yo. Pero también los demás. 

J.L: ¿Crees que Piezas Desequilibradas te define como autor? 

Darío Vilas: Creo que cada relato define el momento preciso que estaba viviendo. 

J.L: Define, con tus propias palabras de padre de la criatura, la obra. 

Darío Vilas: Es una colección de textos anárquica, desequilibrada, imperfecta. 

J.L: Ha sido todo un placer desequilibrarte, o por lo menos intentarlo. 

Gracias por tu tiempo, nos vemos en Simetría.

 Darío Vilas: El placer es mío. Para eso escribo.

A los que queráis acercaros a este gran autor, recordaros que mañana, jueves 7 de junio, en el salón de actos de la Casa del Libro de Vigo (C/Velázquez Moreno 27) a partir de las 19:30 horas, Darío Vilas estará celebrando el aniversario de «Piezas desequilibradas». Una gran oportunidad para conocer a fondo a la obra y al escritor que hay tras ella.