martes, 20 de septiembre de 2011

Llorar los violines, clamar los tambores.

«Meditaba yo alrededor de una lumbre reducida a sus fávilas, cuando escuché un gemido acerado y sostenido. Como un suspiro enredado en el aire. La curiosidad movió mis pies hasta la entrada de la gruta: doblé recodos, atravesé lagunas subterráneas y escalé por gargantas escarpadas. Al rato divisé la cara redonda de la luna apareciendo por el ojo de la cueva. El llanto se transformó en melodía y el bello en mi cuerpo se tensó como los hilos que sostienen un puente elevado. Me aproximé muy lentamente hasta la entrada, temiendo dar un paso en falso y espantar aquella sonoridad triste y quejumbrosa; romper aquel hechizo embriagador.
Cuando por fin asomé al exterior, vi al hombre. Nada lo arropaba, excepto un viejo violín del que sus dedos consumidos arrancaban las notas que me habían llevado hasta allí. Gotitas de cristal muriendo en mis oídos.
Sumido en su tarea, ni siquiera se percató de mi presencia. Yo me hice a un lado y me resguardé entre las sombras.
No quería que aquel mortal me viera llorar»

Extraído de «La música de los sueños», por El Corintio


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domingo, 11 de septiembre de 2011

Reseña Antología Z Vol. IV: Zombimaquia

Antología Z Vol IV:
Zombimaquia
Varios autores
(Dolmen Editorial)





Zombis esperándome en la oscuridad de mi cuarto. Manos de piel cuarteada asomando por los cajones. Pies arrastrándose por el pasillo. Arañazos en mi puerta.
Zombis, zombis, y más zombis.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Los muertos no cuentan historias

«Un siseo cadencioso me advirtió de que algo se acercaba descendiendo la gruta hacia mis aposentos. Bajo el aroma mohoso que cala mi reino, aprecié un hedor acre: el inconfundible tacto de la corrupción. Me incorporé y esperé, impaciente.
La criatura apareció poco después. Asomó entre las tinieblas de la caverna, ahuyentando a las ratas con un caminar bamboleante. Su cuerpo contraído en cierta actitud suplicante. Hacía bien en pedir permiso para arrastrar sus pies huesudos por mis dominios.
Se aproximó a mí con su cuerpo mellado por la muerte, jirones de ropa y músculo oscilaban en sus extremidades a cada uno de sus torpes pasos.
-¿A qué has venido? -le pregunté.
-Vi luz, y quise entrar -respondió el zombi con un estertor, sorprendido por el milagro que le permitía volver a hablar.
-No te preocupes -lo calmé-. Soy yo quien te ha devuelto el don del habla. Lo necesitarás mientras mores en mi hogar.
-¿Por qué?
-Porque todo el que entre en La guarida del Corintio debe contar una historia.
-Pero -vaciló, y por un segundo creí daría media vuelta y huiría, mas en los restos de su faz, en la negrura de sus cuencas, advertí una curiosidad irrefrenable-... Pero los muertos no cuentan historias.
-Ahora sí.»

Extracto de «Encuentros con La Parca», por El Corintio 


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Están aquí, campan a sus anchas. Caminantes, no muertos, revividos... Zombis.

martes, 6 de septiembre de 2011

Bienvenidos

«Con un crujido sempiterno la gigantesca roca de la entrada, como poseedora de vida propia, se hace a un lado revelando así una oquedad en la falda de la montaña. La boca del túnel, horadada en la fría piedra, exhala un aliento húmedo con el que la cueva da la bienvenida a los soñadores. Abajo, muy abajo, perdido entre los intestinos de roca, estoy yo, aguardando la compañía de quien quiera escuchar mis historias.»

Extracto de «Entrada al reino de los sueños», por El Corintio



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Siempre me ha fascinado Neil Gaiman. Un autor que ha enriquecido como pocos la litaratura fantástica contemporánea. Muchas de sus obras me han inspirado en cientos de ocasiones y como escritor en ciernes enamorado de ese género me ha parecido de lo más oportuno dedicarle un guiño en la apertura de mi blog. A él y a la que, a mi parecer, es una de sus creaciones más temibles (y cautivadoras): El Corintio (cuya simpática imagen podéis ver a la izquierda).
Ésa es la piel que he decidido enfundarme para hablaros desde el ciberespacio: la de una pesadilla escapada de los dominios de Morfeo. Porque creo que, en esto de la literatura, los sueños -tanto los que nos embargan cuando cerramos los ojos y la conciencia parte hacia costas lejanas, como aquellos a los que llamamos «esperanzas»- tienen mucho que ver... Y también, qué narices, porque el personaje mola mogollón y el nombre para el blog es pegadizo.

¿Sobre qué voy a escribir? No lo sé, soy novato. Sobre literatura, supongo. Sobre los éxitos y los fracasos que me vaya encontrando. Sobre la cantidad de compañeros (ahora amigos) con los que comparto muchos de esos sueños y que he tenido la suerte de conocer. Sobre proyectos que no siempre se verán realizados, sobre cosillas que vaya consiguiendo publicar, así como las que publiquen esos buenos amigos de los que os he hablado. Sobre libros, autores, relatos, sueños y pesadillas que me inspiren... Sobre cualquier cosa que me venga en gana, básicamente (recordad, de guarida para adentro es el Corintio quien manda).

Así que estáis invitados a coger una tea y descender por las entrañas de la Tierra hasta encontraros con el Corintio. Si, ya sé, hace frío, está oscuro y corretean las alimañas por doquier, pero si conseguís sobreponeros a todo eso, ¿quién sabe? Quizás encontréis en esta gruta un plácido remanso en el que las tinieblas os arropen y los aullidos de los lobos sean dulces melodías. Y quizás acabemos contándonos cuentos, viejas historias de terror, emocionantes narraciones de fantasía, sentados todos al calor de nuestros sueños.

Bienvenidos.

C.